Padre Gregorio Wierzba, C.F.R.

Capellán

Me llamo padre Gregorio Wierzba. Soy un sacerdote de la comunidad franciscana de los Frailes de la Renovación

(CFR). De origen polaco, ya desde años vivo fuera de mi país. Hace años, el buen Dios, por medio de mi comunidad

religiosa me llamó a servir a su pueblo aquí en Honduras. Desde el primer día, cuando llegué al país, me sentí

enamorado de su belleza. Al verme rodeado de una naturaleza tan linda pensé que también tiene que vivir

aquí gente muy linda. Tenía razón. Sin embargo, como en cualquier pais del mundo, en que he vivido hasta ahora,

también aqui, en medio de tanta belleza, hay tanto sufrimiento. Un sufrimiento debido a la falta de recursos

económicos básicos que afecta a la mayoría de la población hondureña.

Como en cualquier otro pais del mundo, aquí tambien hay quien sufre por otras razones. Cuando voy a encontrarme

con los niños y niñas, jóvenes del Hogar Nazareth, me doy cuenta de la maravilla que son ellos. A pesar de tantos

retos que han tenido que enfrentar en su corta vida, mantienen viva en ellos la esperanza de que el mundo pueda todavía ser mejor. A veces me sorprendía al verlos tan felices y sonrientes, y al conocer un poco mejor sus propios dolores del pasado, casi no me parecían reales. ¿Cómo, en efecto, podían sonreir, llevando a cuestas estas cargas? Sin embargo, sé que la alegría de ellos y el dolor coexisten de una maner misteriosa en sus vidas. Mi misión es estarles lo más cerca posible para poder ayudarlos dentro de mis posibilidades. El covid-19, hizo casi imposible nuestra presencia franciscana en el Hogar pero no anuló nuestro empeño a favor del Hogar y sus verdaderos tesoros.

El Hogar Nazareth no ha sido fundado por nosotros, los frailes. Sin embargo, queda muy cerca de nuestro convento, y por esta y otras razones todos los que viven allí son nuestros vecinos. Los queremos con todo nuestro corazón.

Ojalá que también los de Ustedes que están lejos de Honduras, puedan llegar a ser vecinos de estos niños, aun más, sus amigos y bienhechores ayudandoles a crecer bajo todo aspecto.

De mi parte puedo decir que mis visitas al Hogar siempre han sido para mi un llamado de Dios. Y no siempre me sentía como alquien que enseñaba a los niños sino también como alguien que tenía que aprender mucho de ellos: a sonreir a pesar de todo, y creer que a pesar de todo que la vida vale la pena ser vivida y vivida en abundancia (cf. Juan 10,10).

Alabado sea Jesucristo.

Padre Gregorio Wierzba, C.F.R.

www.franciscanfriars.com